La coalición “Va por México” ya perdió la elección

23 Marzo, 2021


Ni siquiera han comenzado las campañas electorales rumbo a los comicios de junio y la coalición “Va por México” ya cometió varios errores estratégicos que, sin duda, le costarán la elección. El principal de ellos: haber fallado en su intento por “ciudadanizar” la coalición; pero, además, haber fracasado en su tentativa de articular un mensaje contundente en el sentido de que su proyecto representa una verdadera alternativa de cambio.

Como sabemos, el año pasado el PRI, PAN y PRD integraron una alianza electoral registrada ante el Instituto Nacional Electoral como la coalición “Va por México”. De acuerdo con sus representantes, esta alianza nació como respuesta a la demanda de la sociedad de construir un bloque opositor que dejara de lado las diferencias ideológicas entre partidos y pudiera hacerle frente a la coalición “Juntos Haremos Historia”. Y para ello, sus dirigentes establecieron el compromiso de postular candidatos a cargos de elección popular con “solvencia moral” y “buena fama pública”.

El problema es que, en lugar de postular perfiles renovados, en los hechos la coalición opositora decidió seleccionar a los mismos políticos de siempre. De nueva cuenta, tanto a nivel federal como local, estamos viendo las mismas caras y a los mismos personajes que, en su momento, fueron la razón por la cual la gente decidió votar por algo diferente. Las listas de candidatos federales y locales que está presentando la alianza “Va por México”, está plagada de cuates, familiares, compadres, parientes y amigos, tanto de gobernadores de oposición como de las dirigencias nacionales y estatales del PRI, PAN y PRD. Algunos de ellos incluso, con señalamientos graves de corrupción o de vínculos con la delincuencia organizada.

En contraparte, escasean los perfiles ciudadanos, sin compromisos previos, éticamente probados y honorables. Al no incorporar a prestigiados personajes de la ciudadanía, “Va por México” ha fallado en su intento por convertir este bloque de partidos tradicionales en una auténtica alianza ciudadana opositora para enfrentar al poder. Lo que, desde mi punto de vista, constituye el primer error estratégico de la coalición cuyo costo político se traducirá en una derrota contundente en las urnas el próximo 6 de junio.

Ahora bien, el que haya prevalecido una lógica partidista y patrimonialista a la hora de elegir los perfiles de sus candidatos ha conducido a la coalición a un segundo error estratégico: la ausencia de una narrativa y un mensaje atractivo y convincente, que justifique por qué su propuesta representa una verdadera opción de cambio.

Esta incapacidad para articular un discurso sólido viene dada por su fracaso para presentarse como una opción política renovada. Los lastres que cada partido de la coalición sigue arrastrando han impedido el desarrollo de una narrativa fresca que conecte con diferentes sectores de la sociedad. Lo más que han logrado comunicar es que se juntaron para sacar a Morena, pero este mensaje solo hace click con parte de la clase media y alta que representa el voto duro en contra de la Cuarta Transformación.

Para el resto de la sociedad, harta de lo que prevalecía, este discurso solo revela la simulación que está detrás de esta alianza y que los partidos que la integran no están realmente dispuestos a ciudadanizar el bloque opositor ni a poner el bienestar de la nación y de la comunidad, por encima del interés partidista o de grupo.

Desde mi punto de vista, el resultado de presentar a los mismos personajes de siempre y de no contar con un discurso propio —creíble y competitivo— frente una narrativa tan potente como la del presidente, no solo pone a la coalición “Va por México” en la ruta de la debacle hacia la elección intermedia —tanto a nivel nacional como estatal, hablando de Puebla— sino que amenaza con desdibujar totalmente a esta fuerza partidista con miras a la contienda presidencial del 2024.

Me queda claro que los partidos que integran la coalición Juntos Haremos Historia no han estado exentos ni del problema de los perfiles que presentan, ni de fuertes pugnas entre grupos por el control de las dirigencias partidistas. Sin embargo, ninguna de estas circunstancias ha debilitado la fuerza de la narrativa y el discurso presidencial. Además, como regla general, ha habido un auténtico esfuerzo de parte de las dirigencias partidistas de dirimir las pugnas internas, así como de incluir un mayor número de perfiles ciudadanos en las listas de candidatos. Incluso se ha generado la percepción de que cualquiera puede aspirar a ser candidato por alguno de los partidos de la coalición.

En el caso de “Va por México”, la ausencia de una figura opositora con liderazgo nacional y arrastre local —como la del presidente— sumada a la auténtica falta de voluntad de sus dirigencias de abrirse a las candidaturas ciudadanas, tendrá como primer efecto, el rechazo y la desconfianza por parte del electorado más volátil, indeciso o desencantado que, si bien podrá no estar del todo convencido de las políticas de la Cuarta Transformación, de ninguna manera estaría dispuesto a regresar a lo que teníamos antes.

En segundo lugar, provocará un mayor debilitamiento de los partidos que integran la coalición e incluso la posible pérdida del registro de alguno de ellos, como es el caso del PRD. Además, al no tener un buen resultado electoral, muchos de los personajes que logren ganar en las urnas tendrán pocos incentivos para mantener la alianza. Sobre todo, si provienen de las filas del priísmo —acomodaticios por naturaleza— o si tienen “cola que les pisen”, como se dice. En cualquier caso, estos personajes dejarán de oponerse a muchas decisiones de la coalición Juntos Haremos Historia en las cámaras.

Y, en tercer lugar, exacerbará la lucha interna por las dirigencias del PAN, profundizando el encono y la polarización, desdibujando su cohesión en el trabajo legislativo y condicionando el arrastre de sus liderazgos tanto a nivel nacional como local. Lo que, sin duda, marcará el camino de los prospectos del panismo hacia el 2024.

Cuando me tocó coordinar la campaña a la gubernatura de la coalición Compromiso por Puebla —integrada por PAN, PRD, Convergencia y PANAL—, recuerdo que en mi primera conferencia de prensa un reportero me preguntó si realmente creía que era posible ganarle al PRI. Lo que le respondí en aquel entonces lo sigo creyendo ahora: “dependerá de si somos capaces de ciudadanizar esta campaña”. Afortunadamente en 2010 lo logramos y fue posible sacar al PRI después de 70 años. Lo que ya no se pudo fue ciudadanizar el gobierno y eso derivó en el desencanto posterior expresado en 2018. Pero esa es otra historia.

Lo que quiero subrayar es que la derrota electoral de la coalición “Va por México” que veremos este 6 de junio, no solo evidenciará la profunda crisis del sistema de partidos en México, sino que mostrará la incapacidad del sistema político mexicano para renovar sus propios mecanismos de representación política a partir de fórmulas de mayor participación ciudadana. Y, efectivamente, como lo han mencionado diversos actores políticos y analistas, el riesgo de una ruta como esta podría ser un mayor desencanto y desinterés ciudadano en participar en la construcción de una democracia sólida y dinámica.

Retomado de: https://www.e-consulta.com/opinion/2021-03-22/la-coalicion-va-por-mexico-ya-perdio-la-eleccion