MOVILIDAD Y POCAS VACUNAS EN LA AGRESIVA TERCERA OLEADA

06 Abril, 2021


Todos sabemos que entre los meses de noviembre y febrero, el país sufrió los estragos de una segunda oleada de Covid. Lo que pocos saben es que en estos cuatro meses falleció por el virus casi la misma cantidad de personas que entre marzo y octubre del año pasado. En otras palabras, la segunda ola mató al mismo numero de mexicanas y mexicanos que la primera, solo que en la mitad de tiempo. La pregunta ahora no es si va a haber una tercera ola —eso se da por sentado— sino qué tan mortífera será.

Hace unos días el periódico La Razón dio a conocer los informes más recientes del Conacyt sobre movilidad, elaborados con base en la actividad de usuarios proporcionada por Google, Twitter y Facebook. De acuerdo con la información, durante el mes de marzo —antes de Semana Santa— 30 estados de la república registraron un aumento en la movilidad de las personas similar al observado en las semanas previas a la segunda oleada de Covid.

¿A qué se debe este aumento en la actividad de las personas? Los expertos señalan tres factores fundamentales: el hartazgo, la necesidad de trabajar y generar ingresos, y el exceso de confianza por la llegada de las vacunas. Los primeros dos factores estuvieron presentes en octubre del año pasado. En aquel entonces aún no había vacunas disponibles. En cambio, este mes de marzo las expectativas en torno a las vacunas condicionaron un mayor relajamiento de las restricciones generando la falsa impresión de que lo peor ya había pasado. Pero no, en realidad, todo parece indicar que lo peor todavía está por venir.

El proceso de vacunación va demasiado lento y es previsible que siga así por el resto del año. Al principio el problema era la falta de vacunas. El acaparamiento de los países ricos y el incumplimiento de las entregas pactadas con los laboratorios explicaban la lentitud en el avance de la vacunación. Hoy, el problema no solo es de disponibilidad sino también de logística. De acuerdo con diversos reportes, han llegado al país 14.6 millones de dosis y hasta ahora solo se han aplicado 8.8 millones, lo que significa que 5.7 millones de vacunas están en proceso de aplicación.

A esto hay que sumar un reciente comunicado de Pfizer —que es la empresa que produjo la vacuna que más se aplicó al personal de salud y en las primeras etapas de adultos mayores— que señala que la protección efectiva de su vacuna se empieza a contar a partir de la segunda dosis y que, de acuerdo con sus estudios, su vacuna garantiza al menos 6 meses de inmunidad, incluso frente a las nuevas variantes.

No olvidemos que la de Pfizer es de las vacunas más efectivas disponibles actualmente, por lo que es factible esperar un periodo de inmunidad igual o menor con otras marcas. Al momento, solo un millón de personas cuenta ya con el esquema completo de dos dosis, es decir, menos del 1 % de la población. Y seguramente requerirán un nuevo esquema de inmunización a fin de año. Es decir que, si no aceleramos el paso y hacemos más eficiente el proceso, este mismo año se nos van a juntar los que tienen una sola dosis y están en espera de la segunda, con los que cumplieron ya 6 meses con su esquema completo y necesitan renovar su inmunización.

Ya he comentado en este espacio que en Chile, donde el 50% de la población ya ha recibido la primera dosis y el 20% ya cuenta con esquema completo de vacunación, están enfrentando una tercera oleada muy agresiva de contagios, muy probablemente debido a la presencia de las variantes británica, sudafricana y brasileña. Esto significa que, aún con grandes avances en el proceso de vacunación, los factores mencionados (hartazgo, economía familiar y exceso de confianza) han generado un caldo de cultivo propicio para las nuevas variantes. Y eso es justo lo que nos puede pasar aquí solo que con menos vacunas aplicadas, lo cual podría potenciar el impacto de una tercera oleada. ¿A qué me refiero? A que el número de fallecimientos en los próximos cuatro meses podría igualar el total que se tiene registrado hasta este momento.

Espero equivocarme. Pero por lo pronto, el desplazamiento y aglomeración de vacacionistas en Semana Santa, así como el inicio de campañas políticas rumbo a los comicios del 6 de junio, ocurrieron bajo las mismas condiciones de vulnerabilidad y alto riesgo de contagio en que se gestó la segunda oleada el año pasado, solo que ahora con la amenaza latente de las nuevas variantes del virus que ya circulan en el país. Situación que no augura nada bueno.