UNA PERSONA ÉTICA DESPIERTA EL ESPÍRITU DE SERVICIO.

04 Junio, 2019


Columna "Ser Político", E-Consulta del 4 de junio de 2019

Considero que una gran parte de este desencanto por los políticos se debe a que muchos consideran que los funcionarios públicos sólo buscan un cargo para acrecentar su patrimonio. En la vida es muy sencillo generalizar, pero no podemos dejar de reconocer a todos los hombres y mujeres que en su labor política la ejercen como profesión de vida.

Debemos asumir que el vivir de la política es el desempeño de una profesión en condiciones de normalidad, como un médico realiza sus consultas y operaciones, como un abogado vive de la abogacía y un comerciante de sus ventas. Requerimos políticos que dediquen cada día de su vida a trabajar por los asuntos del estado, es vocación de tiempo completo, tarea permanente y entrega total por el país.

Sabemos por la historia que para los antiguos griegos la política era considerada como la forma de vida activa más elevada a la que un hombre podía aspirar, incluso era un término revestido de carácter sagrado. Para Aristóteles, el ejercicio pleno de la libertad era posible en el marco de una comunidad política, por tanto, era el género más perfecto de vida activa.

El realismo y el utopismo dieron como resultado la desarticulación de la doble dimensión originaria de la política, constituida en equilibrio entre lo real y lo posible, entre la comprensión y el respeto de las realidades constituidas en medio de las cuales debe operar la necesaria proyección de la propia acción humana.

Y es justo en el plano de las acciones humanas donde lo político no ha dejado de perder su prestigio, donde encontramos la dignidad de su profesión. ¿Qué debemos hacer para alcanzar esto? Apostar por el bien común y el interés público, apostar por la formación de cuadros políticos que entiendan el servicio público como el instrumento para mejorar nuestro entorno y, lo más importante, debemos entender que el centro, fin y objeto de la política es la persona humana.

No podemos perder de vista, quienes nos dedicamos a la vida pública, que el gobierno implica el ejercicio de acciones a favor de la gente.

La brújula de los políticos debe ser la ética, debemos ser íntegros, porque cuando una persona posee ética se despierta en él un espíritu de servicio y, en consecuencia, actúa con responsabilidad. El mismo Aristóteles lo decía: “Aquello que está en nuestra mano hacer, podemos también abstenernos de hacerlo; donde depende de nosotros decir “no”, somos también dueños de decir “si”. Así pues, si la ejecución de una buena acción depende de nosotros, dependerá también de nosotros el no realizar un acto vergonzoso”. (Aristóteles. EN, 113b, 9-20).

fuente: https://www.e-consulta.com/opinion/2019-06-03/ser-politico