Cambio de régimen y la nueva visión del bienestar integral

18 Mayo, 2021

¿Cuál es la clave para tener una vida mejor? ¿Una buena educación, respirar aire limpio, un buen trabajo?, ¿O simplemente basta con tener un buen ingreso, una buena casa y una idea de satisfacción ante la vida? Cada persona, cada comunidad, cada sociedad y cada época, otorga un peso específico diferente a los aspectos considerados como esenciales para el bienestar.

No obstante, en un Estado de Bienestar Solidario y Sostenible, el progreso y la prosperidad no se pueden entender sin su fin último, que es la felicidad. Esto implica transitar de modelo centrado únicamente en la satisfacción de necesidades materiales a otro que también tome en cuenta la satisfacción de necesidades de carácter subjetivo relativas a las emociones y sentimientos de las personas.

En otras palabras, si realmente aspiramos a un verdadero cambio de régimen que deje atrás el modelo capitalista y que de paso a un nuevo modelo económico más solidario y sostenible, lo primero que tenemos que hacer es cambiar nuestra idea tradicional de bienestar. Ya no podemos permanecer atrapados en la idea errónea de que el bienestar tiene que ver únicamente con la satisfacción de las necesidades materiales básicas de las personas.

Es cierto que para que una sociedad funcione y pueda desarrollarse a plenitud, se requiere alcanzar una línea básica de satisfacción de necesidades universales. Es decir, una persona requiere alimentarse bien, mantener un estado físico saludable y tener la energía física necesaria para realizar actividades. También es cierto que debe contar con un lugar dónde vivir dignamente, es decir, un espacio que le proporcione cobijo y protección con servicios básicos como agua potable, drenaje y luz.

Pero también es cierto que el bienestar, visto de manera integral, va más allá de esta visión material. Una persona que está bien físicamente puede carecer de bienestar mental o emocional. Por ejemplo, una persona que no tiene acceso al proceso de formación afectiva que brinda el seno familiar y maternal o que no tiene acceso a la educación y la cultura, no podrá desarrollar plenamente sus capacidades intelectuales y espirituales, por lo que no será capaz de valorar su propio bienestar y su felicidad.

De esta forma, en una visión más integral del bienestar tenemos, por un lado, el bienestar físico (objetivo), entendido como proceso permanente de satisfacción de las necesidades básicas que impactan nuestro bienestar corporal (salud, alimentación y cobijo), que generalmente están acompañadas de políticas públicas cuyo fin último es aminorar las diferencias de acceso a estos satisfactores entre los distintos estratos sociales de ingreso.

Y, por otro, tenemos el bienestar mental y espiritual (subjetivo). Bienestar mental, entendido como proceso permanente de satisfacción de las necesidades para el desarrollo de las capacidades intelectuales de las personas (educación y formación); y bienestar espiritual, entendido como proceso permanente de satisfacción de las necesidades emocionales y espirituales, relativa a las “evaluaciones positivas que las personas hacen de sus vidas en pensamientos y sentimientos”, lo que conocemos como felicidad.

Está demostrado que un desarrollo saludable de las emociones permite desarrollar sentimientos positivos, disfrutar de buenas relaciones sociales, tener más amigos y relaciones más estables. Además, diversos estudios muestran que la felicidad y la paz espiritual no solo producen sensaciones de bienestar, sino que también impacta positivamente a la sociedad al elevar y mejorar los niveles de productividad, creatividad, civilidad y solidaridad de la comunidad, ayudándola a funcionar mejor.

En suma, en el rediseño consensuado de las reglas legales, institucionales y de convivencia personal, comunitaria, social, política y económica que implica un cambio de régimen, uno de los principales objetivos deberá ser el bienestar. Y éste, a su vez, deberá partir de una visión integral que no esté centrada únicamente en la satisfacción de necesidades materiales, sino que también deberá tomar en cuenta la satisfacción de necesidades de carácter subjetivo relativas a las emociones y sentimientos de las personas. Porque el progreso y la prosperidad no se pueden entender sin su fin último, que es el bienestar y la felicidad.

Retomado de: https://www.e-consulta.com/opinion/2021-05-17/cambio-de-regimen-y-la-nueva-vision-del-bienestar-integral