Cambio de régimen: Una nueva visión de sostenibilidad

25 Mayo, 2021

La crisis civilizatoria que estamos viviendo tiene mucho que ver con el agotamiento de la relación que hemos establecido entre nosotros y la naturaleza. Y la mayor prueba de ello es la crisis climática por la que atraviesa la humanidad, cuya primera expresión devastadora a escala global ha sido la pandemia del coronavirus.

Según Alejandro M. Pagés (Capitalismo Natural y Economía Circular: la transformación para enfrentar las crisis del siglo XXI), se estima que la mitad de la producción anual de plásticos sólidos -75 millones de toneladas- termina como desechos esparcidos por todo el mundo, la mayor parte en los océanos.La basura plástica supera actualmente los 5 billones de pedazos flotando en el 40% de los océanos del mundo. La concentración de basura observable más grande se ubica en el Pacífico, entre Hawai y California. Es una ‘mancha’ con una extensión equivalente a poco más de la mitad del territorio de nuestro país. Muchos de estos plásticos tardarán en degradarse hasta mil años.

A esta cantidad de basura sólida hay que sumar los desechos químicos que se vierten todos los días en ríos, lagos y mares. Pagés argumenta que además de las descargas residuales, a los distintos cuerpos de agua del planeta van a dar todo tipo de sustancias tóxicas (aceites, sulfatos, azufres, y sustancias radioactivas), que trastornan los ecosistemas. Las descargas más conocidas y dañinas son los derrames de petróleo, que contribuyen a la mayor devastación natural. Y en cuanto a los desechos nucleares, se estima que sus efectos de largo plazo podrían afectar irremediablemente el equilibrio marino a gran escala.

Para completar este panorama desolador, hay que sumar los desechos que contaminan la atmósfera. El monóxido de carbono generado por la combustión de hidrocarburos fósiles es altamente tóxico. Pagés nos recuerda que el plomo -presente en este gas-, contamina el agua y el aire en todo el planeta y que el ser humano ha contaminado el medio ambiente con plomo desde hace miles de años. El autor señala que hay evidencia de la presencia del plomo utilizado en la manufactura de armas y otros utensilios durante el imperio romano en zonas remotas de Groenlandia y en los glaciares del Himalaya, a casi 8 mil metros de altura. Y que se han detectado residuos de hierro, plomo y uranio en estos mismos lugares, desechados durante la Revolución Industrial.

Todo esto nos demuestra que lo que desechamos, lo que desperdiciamos día con día, permanecerá por siglos en los lugares más remotos de la tierra, como un recordatorio de nuestra irresponsable manera de contaminar. Por eso, si de verdad aspiramos a un verdadero cambio de régimen, es necesario cambiar nuestra idea de sostenibilidad a partir de un concepto de desarrollo que se proponga satisfacer las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades, es decir, sin sobre-explotar los recursos actuales o contaminarlos.

Ello implica establecer las bases de un nuevo orden civilizatorio que guíe nuestra relación con la naturaleza. Es decir, una relación diferente con nuestro entorno ambiental que dé paso a un amplio proceso de reconciliación entre nosotros y la naturaleza. Y como lo he dicho en varias ocasiones, esto solo será posible si logramos avanzar en una nueva racionalidad sustentada en la fraternidad, la solidaridad y la cooperación. Solo con el poder de la fraternidad, la solidaridad y la cooperación podremos construir un nuevo orden civilizatorio que transforme y haga sostenible, nuestra relación con la naturaleza. Una transformación que nos permita transitar de un régimen basado en la lógica de producir-consumir-desechar, que ya ha demostrado su rotundo fracaso, a una fórmula sostenible basada en la lógica de las tres erres: reducir-reusar-reciclar.

La clave para lograr esta transición y con ello evitar una alteración irreversible del equilibrio ecológico que sustenta la vida en nuestro planeta, consiste en adoptar un nuevo paradigma basado en el concepto de Economía Circular. Ha llegado la hora de plantearnos el sueño posible de un mundo sin desechos, y eso solo será posible si logramos transformar los procesos productivos y mejorar la productividad a partir del uso de energías limpias y sustentables. Esa es la única fórmula para dejar de desperdiciar y desechar, esa es la única manera de hacer posible la restauración y regeneración de la naturaleza; debemos reconciliarnos con ella.

Retomado de: https://www.e-consulta.com/opinion/2021-05-25/cambio-de-regimen-una-nueva-vision-de-sostenibilidad