REVOLUCIONAR CONCIENCIAS CON FRATERNIDAD Y SOLIDARIDAD

06 Julio, 2021

Este primero de julio, el presidente López Obrador presentó su acostumbrado informe trimestral de labores, justo cuando se cumplen tres años de su triunfo electoral en 2018. En su discurso —que vale la pena analizar— hace un primer balance del comportamiento de la pandemia, de la recuperación económica, de la inseguridad, así como de los resultados electorales del pasado 6 de junio. Si bien es cierto que han sido meses difíciles, el presidente hizo énfasis en la parte positiva, señalando los avances alcanzados sin desconocer los grandes retos que aún enfrentamos.

Pero lo más importante del mensaje del presidente fue, sin duda, su llamado a revolucionar conciencias y a la fraternidad. Como lo he señalado en otros espacios, vivimos una crisis civilizatoria. La eterna pugna entre ricos y pobres, blancos y negros, globalifóbicos y globalifílicos, norte contra sur, mujeres contra hombres, liberales y conservadores, populistas y neoliberales, no es sino la prueba de que la racionalidad humana ha dejado de lado la esencia de lo que somos —tanto biológica como espiritualmente— es decir, nuestra esencia social y comunitaria.

La pregunta obvia es, ¿podemos superar esta crisis civilizatoria?, ¿podemos aspirar como humanidad y como especie, a desarrollar una nueva racionalidad y un nuevo orden? Al igual que el presidente, yo estoy convencido de que sí es posible, y de que el único camino para construir una alternativa de futuro es edificando un nuevo orden civilizatorio en lo económico, en lo social y en lo político, a partir de una nueva racionalidad sustentada en la fraternidad, la solidaridad y la cooperación.

Solo con el poder de la fraternidad, la solidaridad y la cooperación podremos construir un nuevo orden civilizatorio. Solo a partir de una nueva identidad superior, es decir, como humanidad y como especie, será posible construir una racionalidad y una institucionalidad fincada en un nuevo ethos fraternal, solidarista y cooperativo que nos permita avanzar en tres ámbitos fundamentales de la convivencia humana:

Primero, en un proceso de reconciliación entre nosotros y la naturaleza. Segundo, en una paz duradera fincada en un nuevo sistema de valores más allá de culturas, etnias y lenguajes, y más allá de paradigmas ideológicos y religiosos, que reconozca nuestra esencia humana y nuestra superioridad espiritual como especie. Y, tercero, y en un proceso de unidad y suma de esfuerzos para articular un nuevo relato convincente, una narrativa viable, en torno a la cual podamos construir un mejor futuro para todas y para todos.

Al igual que el presidente, creo que es posible edificar un nuevo régimen económico y político —una nueva casa, la casa de todas y de todos los mexicanos— con una cimentación firme y sólida, erigida sobre la base de la honestidad, la austeridad y la igualdad, como pilares fundacionales básicos de un nuevo proyecto de nación cuyo objetivo primordial sea el bienestar y la felicidad de todos.

En lo social, el bienestar debe ser entendido como la satisfacción de las necesidades básicas que nos permitan cerrar las brechas de pobreza y desigualdad. Ello implica hacer del bienestar un proceso permanente, es decir, aminorar las diferencias económicas entre estratos sociales de ingreso a partir de un proceso sostenible de prosperidad y progreso para toda la población. Asimismo, el bienestar debe ser dimensionado en el ámbito físico, mental y espiritual, y el mejor camino para lograrlo es mediante un sistema de salud y seguridad social que garantice equidad y armonía en el desarrollo familiar y personal.

Por ello, un nuevo orden debe privilegiar a la familia, que es la institución fundamental y más fuerte de la sociedad mexicana, como espacio de mayor confianza y seguridad para el desarrollo de la individualidad y el sentido de pertenencia. Debemos rescatar a la institución familiar porque es en este espacio donde surgen la consciencia individual y los valores que sirven para la cohesión y la solidaridad.

En lo político, el nuevo orden debe ir más allá y asegurar el pleno respeto a la legalidad y a los derechos humanos. Debe empoderar a la mujer y proteger a los grupos vulnerables, así como garantizar, con mano dura, seguridad y tranquilidad a las familias y su patrimonio. Para construir un país libre de violencia, seguro para todas las familias mexicanas, es necesario sembrar el valor del respeto a la autoridad, a las reglas y a la justicia desde el seno familiar y las primeras etapas de la educación. La paz se construye con inteligencia y con fuerza; pero también, con el concurso de las familias movilizadas en la defensa de los valores y los principios que le dan cohesión y solidez al tejido social.

Finalmente, en lo económico, el nuevo orden debe aspirar a una recuperación económica solidaria y a adoptar un nuevo paradigma de desarrollo verde y circular, que garantice un bienestar integral sostenible para todas y todos. Coincido con la visión de un gobierno menos burocratizado, eficiente y eficaz que procure y promueva la inversión y la creación de más y mejores empleos. En el que el Estado no sea un lastre, sino un aliado de los inversionistas nacionales y extranjeros, que apoye a las empresas y a los emprendedores, garantizando piso parejo para todos en un marco de libertad e innovación. El nuevo orden, debe sostenerse de la iniciativa y el talento de la sociedad. En pocas palabras, un país de oportunidades, con verdadero crecimiento económico y sin corrupción debe ser el mecanismo para que México se transforme.

Y, como dice el presidente, la clave para lograr todo lo anterior es entender que el nuevo orden económico, político y social solo podrá ser posible con el poder de la fraternidad y la solidaridad, y el desarrollo de una nueva racionalidad civilizatoria que nos permita prosperar y progresar, sin que nadie se quede atrás. Solo haciendo propios los problemas de los demás, podremos vivir la felicidad que produce ayudar y ser parte de un proyecto de nación más justo y próspero. Y si hay algo que hemos demostrado las y los mexicanos, es esa capacidad de ser solidarios cuando las circunstancias lo exigen. Esa potencialidad ahí está. Solo con el poder de la fraternidad y la solidaridad podremos generar una nueva identidad que nos hermane y nos reconcilie como mexicanas y mexicanos de bien. Yo, con eso me quedo.

Retomado de: https://m.e-consulta.com/opinion/2021-07-06/revolucionar-conciencias-con-fraternidad-y-solidaridad