Caída de redes sociales: gratificación virtual

12 Octubre, 2021

El pasado lunes 4 de octubre la mayor parte del mundo padeció la caída de redes sociales por más de seis horas, afectando a la compañía estadounidense Facebook que perdió cerca de 6.000 millones de dólares.

La caída de Facebook y de varias de sus plataformas como WhatsApp e Instagram no sólo causaron estragos tecnológicos, comunicativos y financieros, también provocó un impacto psicológico en las personas.

Las redes sociales se han convertido en el principal medio de comunicación e información, donde podemos consultar lo que sucede en el mundo en tiempo real; son utilizadas por todos los sectores sociales y han logrado transformar la manera de comunicarnos tanto a nivel personal, como profesional. Resulta difícil imaginar estar desconectado del mundo por un momento y el pasado lunes estuvimos sin red por seis horas.

Con la llegada de la pandemia el uso de la tecnología resultó imprescindible ya que una de las medidas para evitar contagios era precisamente la sana distancia y el aislamiento social; las reuniones laborales, clases, ventas de toda índole, desde la lista del supermercado hasta transacciones comerciales fueron realizadas de manera virtual, lo que nos acercó más a los dispositivos móviles y redes sociales, ya que a través de ellas las familias podían saludarse y celebrar fechas especiales sin riesgo a contagiarse.

Muchos de nosotros incluso reiniciamos los dispositivos pensando que se trataba de una falla en ellos o en nuestro módem. Es aquí donde quisiera que nos detuviéramos a reflexionar para observar qué lecciones nos deja esta falla tecnológica respecto a la forma en cómo nos relacionamos en las diferentes esferas de nuestra vida.

Los seres humanos tenemos dos principios: el del placer en la edad infantil, donde se genera placer y gratificación inmediatas; y el principio de realidad, en el cual desarrollamos tolerancia a la frustración, donde aprendemos que hay que esperar un tiempo para obtener ese placer.

Como adultos deberíamos estar en el principio de realidad, pero al vivir en una sociedad, donde se busca el placer y gratificación inmediatas, nos ha llevado a no tener tolerancia a la frustración y que un evento como la ausencia de redes por unas horas, generará un caos al no estar conectados con la gente que queremos.

Algunos de los impactos psicológicos que experimentaron las personas fueron desesperación, impotencia y ansiedad, resultado de no satisfacer la necesidad de gratificación inmediata que proporcionan las redes sociales; y aunque pudiéramos creer que estas reacciones son propias de los más jóvenes que nacieron con la tecnología y redes, no es así.

Personas de todas las edades están cayendo en una adicción a las redes sociales. Parece que nuestra generación olvidó que crecimos girando un disco para marcar por teléfono a nuestros amigos, que teníamos que esperar nuestro turno para poder escuchar su voz a través del auricular, que la correspondencia la llevábamos a la oficina postal y la respuesta podría llegarnos semanas después, que para ver una imagen fotográfica debíamos primero llevar la película a la tienda de revelado y que sentarse frente a alguien para platicar durante horas cara a cara era parte de nuestra cotidianeidad.

La inmediatez que vivimos en todos los aspectos de nuestra vida nos está mal acostumbrando no sólo en la comunicación sino en la manera en que se ve la vida. Nos olvidamos que una buena sopa requiere tiempo para ser preparada, que no todo lo que queremos obtener es fácil o de un momento para otro; que la vida está llena de retos que afrontar y que mirar a los ojos al otro será siempre más cálido que mandar una nota de voz.

Retomado de: https://www.e-consulta.com/opinion/2021-10-12/caida-de-redes-sociales-gratificacion-virtual